INFANCIA EN CUBA

Lejos de ser el paraíso que han descrito las fuentes oficialistas o analistas de diferentes rincones del mundo, la infancia en Cuba es muy difícil. Tantas veces han sido publicadas noticias o informes que hablan del modelo cubano y tantas veces salieron a la luz las respuestas que desenmascaran esa realidad utópica que mencionan algunos.

La pobreza en Cuba es mucho mayor que lo que muestran los índices y las estadísticas. Cuba está subsumida en una catástrofe humanitaria desde hace muchos años. La Revolución, a través de un modelo económico arcaico y un modelo político que impide ver la luz o promover alternativas para progresar, se ha convertido en un completo desastre.

Los salarios son miserables. El acceso a bienes, incluso la comida o productos de aseo, está altamente restringido. La modernización, en todo sentido, llega a cuentagotas. Los derechos humanos solo existen para los que le son fieles al gobierno. Defender este modelo y decir que es favorable a la infancia es terrible y convierte al mensajero en cómplice del régimen castrista.

Las remuneraciones por licencias de paternidad o maternidad son míseras. La falta de poder adquisitivo afecta a la primera infancia como a nadie, y eso no ha sido reportado como corresponde. La mayoría de las facilidades otorgadas por el gobierno, gratis, son obsoletas, como los autos que transitan La Habana. Una educación que adoctrina, una crianza en medio de una dictadura y el acceso controlado a tecnologías más modernas o a medios de comunicación internacionales convierten, a muchos de estos chicos, en futuros soldados y militantes de una dictadura decadente.

Esto se comprueba gracias a los miles de testimonios que revelan la realidad. Los balseros que huyeron en busca de oportunidades y de libertad, con sus hijos en brazos o apretujados en embarcaciones precarias, cuentan lo que hay más allá de las imágenes o números que repite el régimen.

A pesar de los intentos por evitar que los niños sufran las desgracias del país desde un momento, a pesar de los intentos por evitar mostrar la realidad y a pesar de la complicidad de los organismos que avalan esto, es imposible decir que la infancia en Cuba es un cuento de hadas. Al contrario, desde niños, los cubanos se enfrentan a pesadillas de todo tipo, y ello debe acabar.

Desde Cuba Decide promovemos la participación de los ciudadanos en el sistema político. Los cubanos deben ser libres de formar sus propios partidos, movimientos y de mostrar la realidad. Desde Cuba Decide, promovemos un cambio, para que los cubanos se críen y vivan toda su vida en un país próspero y libre.